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El Presidente Obiang dona 200.000 dólares USA a los países afectados por el tsunami
En la revista progubernamental LA GACETA DE GUINEA ECUATORIAL en su número 88 del pasado mes de febrero, y en su página 12, había un artículo relativo a la donación del presidente Obiang de 200.000 dólares americanos a los países damnificados por el tsunami, cifra que traducida a nuestros francos de andar por casa frisa por los 100 millones.
La lectura meditada del artículo produce un efecto sorprendente e indignante, no porque sea malo de por sí el gesto solidario, todo lo contrario, sino por lo propagandístico que se hace de la desgracia ajena. El presidente Obiaang y sus asesores no entienden que no tiene sentido ser compasivo con el prójimo, los afectados por el tsunami, cuando dentro de la casa de uno mismo la gente se muere por carecer de todo, a pesar de que se tiene todo para que se pueda vivir con desahogo.
No se entiende, no se puede entender, que el presidente de un país cuya población está sumida en la más absoluta de las miserias, sin agua ni electricidad y, en aquellos momentos sufriendo una pavorosa epidemia de cólera que estaba asolando a la población, hiciera una donación de esa magnitud a otros países.
En muchas ocasiones se ha dicho que el gobierno de Guinea Ecuatorial no funciona como tal, porque no se hacen proyecciones para el futuro precisamente para evitar cosas como las que estaban ocurriendo: morir de diarrea en pleno siglo XXI. Porque, ¿cómo es posible que años tras años, en periodo de sequía, que en las ciudades de Malabo y Bata, principalmente, se sigan produciendo las mismas epidemias sin que se intente de alguna manera remediarlo?
En un país normal los repuestos de medicamentos suelen estar llenos de sueros y otro tipo de medicamentos listos para ser enviados a los hospitales en previsión de estas epidemias. Debería darle vergüenza a Obiang y a los miembros de su gobierno que un país con menos recursos que el nuestro, Sao Tomé y Príncipe, envíe a Guinea Ecuatorial lotes de medicamentos para ayudar a la erradicación de la epidemia del cólera. En cualquier caso, gracias Sao Tomé.
¿Qué se podría haber hecho con los 200.000 dólares antes mencionados? Se podría, por ejemplo, haber comprado bombas de agua para solucionar la carencia de agua que sufre Malabo, amén de poder perforar pozos de agua potable en Malabo y adecentar los existentes en Bata. También se podría haber adquirido sueros y otro tipo de medicamentos antidiarréicos para prevenir esta epidemia ya conocida, además de aumentar camas para el hospital de Malabo para evitar el bochornoso espectáculo que una cama fuera ocupada por varias personas.
Se podría haber comprado también bombonas de oxígeno para así evitar, por ejemplo, situaciones de la naturaleza como la que pasó Agustín Nse Nfumu cuando su nieta estuvo enferma. De igual manera se podría haber dotado a los ayuntamientos de Malabo y Bata de mayor presupuesto para tener un equipamiento adecuado y personal para la recogida de basura, con independencia de que esos fondos podrían haberse dedicado a la construcción de depósitos municipales de agua en previsión de las sequías que anualmente afectan a la capital de la nación. No se ha querido hacer ese tipo de previsiones porque el gobierno no tiene ideas y, por eso, Malabo y Bata son auténticos basureros.
Por supuesto que, como antes se ha dicho, no se está en contra de la ayuda que Obiang ha dado a los países afectados por el tsunami, ni muchísimo menos que se ayude al prójimo, pero como dijo alguien en la GACETA, resulta hiriente e hilarante que se preocupen los poderes públicos de Guinea Ecuatorial por personas de otros países, mientras los guineoecuatorianos las pasan canutas. Porque en lugar de intentar figurar en las listas de los presidentes de países donantes, Obiang debería aspirar a estar en las listas de los grandes estadistas africanos y mundiales que con su trabajo han elevado el nivel de vida de sus conciudadanos, erradicando enfermedades como las que estamos mencionando.
A muchos miembros del gobierno, y similares, les ha tocado la desgracia de visitar a un familiar en el hospital de Malabo, y habrán sacado las necesarias conclusiones de que nuestros hospitales solo son lugares para ir a morir.
¿Cuándo le tocará al guineoecuatoriano la dicha de beneficiarse de los dineros del petróleo? Porque, hasta ahora, ve cómo se va volando a bancos de paraísos fiscales para recibir a cambio discursos de bienestar y desarrollo que no se ven por ningún lado. La estrella rutilante del África central es una pura entelequia.
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