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OPINIÓN
O MBÉ VE? (¿DÓNDE ESTABAS?)
Hay un irritante estribillo de una cancioncilla que se escucha con reiteración, y hasta el hartazgo se diría, en la radio y televisión cuando se celebra algún acontecimiento de singular significación para el régimen que repite con machacona insistencia la pregunta ¿dónde estabas? La interrogación no tendría mayor importancia si no conllevara unas connotaciones peyorativas, si no de provocación, para determinados amplios sectores de nuestra sociedad.
En efecto, la constante repetición de la pregunta quiere decir, en términos reales, que los políticos de la oposición no tienen ningún derecho a cuestionar nada de lo que ocurre política y socialmente en el país, porque cuando sucedieron los hechos del 3 de agosto de 1979 no se les vio alzarse en armas para acabar con el oprobioso "régimen de triste memoria" como lo hizo el entonces teniente coronel Obiang Nguema. No estuvieron en el frente, porque, o estaban en el exilio o llevaban faldas como mujeres, y ahora cuando existe la paz, armonía y progreso en Guinea Ecuatorial abren sus grandes bocas para criticar a quien tanto hizo por el pueblo, se regodean las coristas del grupo Antorcha de Añisok.
Sin embargo, no es muy cierto lo que dice la letra de la cancioncilla de marras, porque muchos de los que hoy se ufanan que estuvieron en el frente no estuvieron allí. Pusieron los pies en polvorosa no fuera ser que fracasara la asonada y les pasaran factura. Pero hubo suerte y se ganó el envite y ahora se pasean como gallitos de corral disfrutando, y de qué manera, de las rentas del petróleo, la madera y de todo lo que produce nuestro rico subsuelo. Afortunada vida, y sin dar golpe ni hoy ni ayer.
Otros, que realmente dieron la cara, o están criando malvas en el cementerio (Pedro Motu) muertos por los propios compañeros con los que se unieron para acabar con la dictadura de los once años, o están, ahora, en el exilio rumiando sus penas y miserias como todo exiliado; o, los más, están abandonados a su suerte en sus respectivos poblados sin nada que llevarse a la boca, por, a lo mejor, haber querido que la Guinea Mejor del lema lo fuera de verdad, o por no tener un hermano o un primo protector que los promocionara y velara por sus intereses. Triste destino el de estos últimos que a pesar de haber estado allí, no están ahora a la hora del banquete. Porca miseria, dicen los italianos.
De lo que se deduce que, unos pocos, que no estuvieron, se han hecho con la mejor parte de este pastel llamado Guinea Ecuatorial, y otros muchos, que sí estuvieron, se han quedado a dos velas y tragando saliva viendo cómo se lo montan a lo grande los que en su día fueron compañeros en el frente. Pero tampoco es para que saquen pecho los listos de la película, porque todo el mundo sabe en nuestro país quién estuvo allí y quién no. Ni están todos los que son, ni son todos los que están.
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¿Quién o quiénes son los verdaderos autores de la fallida invasión mercenaria?
En la segunda quincena del pasado mes de septiembre, el primer ministro de Guinea Ecuatorial viajó a Nueva York para asistir a las sesiones anuales de la LIX Asamblea General de las Naciones Unidas. Normal. Pero lo que no estaba en el guión, al menos en el de todos los guineoecuatorianos, era que Abia Biteo armara la marimorena acusando al gobierno español de estar detrás de la fallida invasión mercenaria a nuestro país. Es más, dijo sin ambages que España desde hacía tiempo buscaba la inestabilidad política de Guinea Ecuatorial y, por consiguiente, el mal de sus habitantes. El discurso, por lo repetitivo y consabido no sorprende, pero la acusación en un foro como el de la ONU dejó sorprendidos a propios y extraños, porque era de gran calibre y había que tener muchos bemoles y muchas pruebas convincentes como para atreverse a hacerla. Los habitantes de este país, por ser los más interesados, no tienen esas pruebas al menos por ahora. ¿Las tendremos algún día?
España, como no podía ser de otra manera, rechazó categóricamente la acusación y respondió que a Obiang se le había dicho, por activa y por pasiva, que el mejor remedio para evitar acciones como las que, presuntamente, quisieron realizar los mercenarios tantas veces invocados, era realizar elecciones libres y transparentes y, por tanto, que hubiera auténticas esperanzas de alternativas de cambios democráticos en el país, para así quitar cualquier excusa a los que en un determinado momento intentaran buscar, por incapaces, atajos para llegar al poder. Dicho de otra forma, que se mirara así mismo y en su entorno y ver de hacer realidad la democracia en Guinea Ecuatorial.
Por otra parte, la gente de la calle se pregunta que si fuera cierto lo de la participación de España en los hechos de marzo, no ha existido constancia alguna de ello en el sumario del juicio que acaba de celebrarse en el Palacio de Conferencias de Banapá contra Nick Du Toit y sus compañeros mercenarios.
En otro orden de cosas, el juicio se suspendió sine die porque había que indagar sobre otros derroteros de la trama que conducían a Mark Thatcher, el hijo díscolo de la dama de hierro inglesa Margaret, supuesto mecenas de la abortada invasión mercenaria. Las autoridades judiciales guineoecuatorianas se trasladaron a Sudáfrica para interrogarle, pero no encontraron el plácet para hacerlo.
En la reanudación del juicio, el pasado 15 de noviembre, el fiscal pidió la pena de muerte para el sudafricano Nick Du Toit y Severo Moto, éste en rebeldía, además de otras de más de un centenar de años de prisión para los miembros de su gobierno en el exilio, así como otras severas condenas para los colaboradores nacionales y extranjeros. Sin embargo, lo único cierto en todo este rocambolesco asunto es que todavía existen múltiples interrogantes que posiblemente no tendrán respuestas, y que a tenor de lo que se ha visto, han terminado por dejar patidifusos a todo el mundo y sin solución de que se sepa algún día la auténtica realidad de la trama del embrollo y sus verdaderos autores. Y terminamos esta reflexión con el dicho castellano que resume lo que no está claro: "éramos pocos y parió la abuela".
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