LA VERDAD
Órgano informativo de Convergencia para la Democracia Social
Guinea Ecuatorial, diciembre 2004, núm. 52    


LA VERDAD
Número 52, diciembre 2004

OPINIÓN

¿POR QUÉ VIAJA TANTO EL PRESIDENTE OBIANG?

Desde hace algún tiempo el presidente de Guinea Ecuatorial viaja con demasiada frecuencia al extranjero, de modo intempestivo y sin que nadie se entere. No se saben las razones del por qué de ese modo de conducirse, aunque si se mueve un poco el magín, la imaginación, se pueden intuir: cuando se tiene el poder omnímodo del que es usufructuario Obiang, no se rinden cuentas a nadie, salvo ante Dios y la historia, como suelen decir los dictadores. También podría haber otras múltiples razones como las de que, por ejemplo, le encante ahora caminar de puntillas, como quien pisa huevos, no vaya a ser que se sepa a dónde voy, con quiénes trato y de qué hablamos. Es, podría ser, la vida solitaria y prisionera de los que siendo tan poderosos, no confían ya en nadie, por ser quienes son, y, consecuentemente, se mueven en este mundo como almas en pena porque los que se les acercan no lo hacen por cariño, aunque lo digan constantemente de boca, sino por lo que pueden sacar de a quienes dicen tener y guardar un amor inquebrantable.

Por eso, a lo mejor, al capitán general de todos los ejércitos de Guinea Ecuatorial no acaban de satisfacerle ya las salidas multitudinarias del país, ni, lógicamente, los regresos "triunfantes" de antaño. Se ha vuelto modesto por razones de lo antes expuesto, y si por él fuera se convertiría en un personaje, siempre poderoso, pero invisible o intangible. Un ectoplasma, vamos. Porque con días de retraso la nación supo por los medios de comunicación de, supuestamente todos los guineoecuatorianos, que Obiang viajó a Ucrania a visitar fábricas de aviones y de otros componentes bélicos, para luego realizar breves escalas en París, Ginebra y, cómo no, en Rabat. Ahora se ha sabido, también a través de comunicados de RTVGE, que el jefe de estado viajó a Roma y a diversos países americanos. ¿Cuáles? No se dijo, ni la duración o el objeto del periplo.

Sin embargo, en un país donde se vive y se ejerce de verdad la democracia, los viajes de los jefes de estado, de gobierno o similares, son siempre oficiales y se debe saber a dónde van, para qué y por cuánto tiempo, a excepción de cuando se van de vacaciones, y aún así se debe saber dónde las pasan los jefes de estado o de gobierno, o los ineludibles imponderables que siempre le pueden surgir a todo ser humano. Pero en Guinea Ecuatorial nada de lo anteriormente dicho ocurre, porque nada ni nadie puede cuestionar o preguntar sobre los viajes silenciosos del presidente, creemos, de todos los guineoecuatorianos; y de esta forma sale y vuelve cuando quiere, como quiere y cuantas veces quiera. Y comoquiera que nada se mueve en Guinea Ecuatorial sin el consentimiento expreso del presidente Obiang, hablamos de cuestiones administrativas, la administración, y valga la redundancia, se paraliza cuando ya de por sí funciona al ralentí. No obstante, por obligaciones con el pueblo al que dice haber entregado su vida, Obiang debe viajar como un jefe de estado de un país que se dice ser democrático y envidia, por ello, de los de su entorno geográfico. Es decir, con luz y taquígrafos.

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PRESO SIN SABER POR QUÉ

La arbitrariedad del poder en la larga e interminable noche de la dictadura obianguemista tiene grabadas en nuestras memorias términos como "no sabes con quién tratas", o "te vas a enterar de quién soy yo". Así se amenaza públicamente a los ciudadanos guineoecuatorianos los pretorianos del sistema, usando un poder que está muy por encima de la ley, para quebrar sus ya de por sí violentadas voluntades. De lo contrario, la libertad y las haciendas corren serio peligro.

Desgraciadamente, hemos vivido estos días en nuestras carnes esta forma de ejercer el poder que subyace tras estas frases; porque durante cuarenta y seis días se tuvo recluido en las celdas de la comisaría central de policía de Malabo, nuestro compañero de la ejecutiva del partido y concejal del Ayuntamiento de la capital de la nación, Pío-Miguel Obama, por una denuncia de un confidente de la policía en la que se le acusaba de haber mantenido supuestamente una reunión política, con asistencia de numerosas personas, el domingo día 7 de noviembre en el consejo de poblado de Basupú.

A tenor de la acusación presentada, y en la que se hizo constar que Pío-Miguel habría manifestado durante el transcurso de la reunión que una potencia extranjera estaba en disposición de hacerse con los servicios del primer círculo de la seguridad del presidente Obiang, por lo que las horas de éste estarían contadas, fue requerido por la jefatura superior de policía de Malabo para aclarar tales manifestaciones.

Pío-Miguel Obama acudió al requerimiento y hasta las siete de la tarde del día 8 de noviembre se le tuvo sentado en el puesto de guardia de la comisaría sin decirle nada. Poco después se le llamó para hacerle preguntas, y de resultas del interrogatorio supo nuestro compañero que un confidente le acusaba de haber mantenido la reunión citada y de las afirmaciones que presuntamente habría hecho conocer a su siempre supuesto auditorio. Es más, se le preguntó si tenía algún enemigo declarado en Basupú, porque las acusaciones eran graves, pero Pío-Miguel dijo desconocer tal encarnizado enemigo.

Sin embargo, hechas las necesarias averiguaciones, se supo con absoluta certeza que nuestro compañero no sólo no mantuvo ninguna una reunión en la fecha precitada, sino que ni siquiera apenas estuvo en el poblado aquel domingo, habida cuenta de que, como miembro de la Comisión de Festejos del Ayuntamiento de Malabo, que celebra las fiestas de su patrona, Santa Isabel de Hungría, se desplazó a temprana hora a la capital, nueve de la mañana, para trabajar en los preparativos del evento, hubo numerosos testigos que daban fe de este hecho, y volvió al poblado pasadas las nueve de la noche.

Tras el interrogatorio, que duró alrededor de una hora y media, fue ingresado en los pútridos barracones de la comisaría sin que se le volviera a decir nada. En este limbo se le mantuvo, porque ninguna autoridad del ministerio de la seguridad nacional sabía nada. Decían que iban a consultar, pero no se sabía con quién y los días pasaban sin que se le pusiera ante la autoridad judicial competente, como hubiera sido lógico si se había retenido algún cargo contra su persona, o, siquiera, contrastar las declaraciones de Pío-Miguel Obama con las de su acusador. Porque deberían haber sido las palabras de uno contra las del otro y cotejar, como no podía ser de otra manera, sobre quién decía la verdad y quien no. Pero no se hizo nada de eso. El confidente lanzó una falsa acusación contra un inocente ciudadano, concejal del Ayuntamiento de Malabo para más señas, y no se hizo ninguna averiguación, porque nuestro compañero es dirigente de un partido de la oposición de verdad. Y ahí se pudrió durante un mes y medio.

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