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NOTICIAS
DETENCIONES A MILITANTES DE CPDS
Añisok.-El pasado 30 de septiembre fueron detenidos en el Consejo de Poblado de Ayene del municipio del mismo nombre, los compañeros Gaspar Abeso y Plácido Mesie por órdenes del delegado de gobierno del distrito de Añisok, Hipólito Mba Sima. Las supuestas razones de la detención y posterior maltrato a los compañeros obedecieron a que negaron a chapear la maleza de los bordes de la carretera, con el justificado razonamiento de que dicha tarea estaba encomendada a los peones camineros dependientes del ministerio de infraestructuras y que, lógicamente, para ello se les pagaba un salario mensual.
Sin embargo, y para desgracia de Gaspar Abeso y Plácido Mesie, esta opinión razonada no fue del agrado del representante del gobierno en Añisok que, sin más dilaciones, los detuvo y los llevó a la cárcel del distrito donde fueron brutalmente torturados. El compañero Plácido Mesie, a petición de la empresa en la que trabaja fue puesto en libertad días más tarde, pero gaspar Abeso continuó encarcelado y realizando cada día trabajos forzados.
De igual manera, y en el mismo Consejo de Poblado, fue detenido dos días más tarde, el 2 de octubre, el compañero Santiago Nguema Ntutum, de más de 60 años de edad, por los mismos motivos que los compañeros antes mencionados. El delegado de gobierno lo llevó personalmente en su coche a la capital del distrito donde mandó que lo apalearan con 100 porrazos en el trasero.
Bata.- Sobre las doce y veinte minutos de la mañana del día 8 de noviembre se presentaron en la "Clínica Espoir" del doctor Wenceslao Mansogo, dos inspectores de policía y uno uniformado para informarle que el comisario de policía del barrio de Comandachina requería su presencia en el puesto, pero no llevaban consigo ningún escrito que certificara tal llamada. El compañero Mansogo les manifestó su disponibilidad de acudir a la entrevista siempre que, si no había ningún inconveniente, terminara de realizar las consultas a sus pacientes. Los policías no quisieron aceptar esta manifiesta colaboración, y le amenazaron para que los acompañara al instante, pero antes de marcharse con los agentes llamó a su abogado para que lo asistiera durante la llamada, con la convicción de que la convocatoria se trataría sobre la resolución del caso del recepcionista de la clínica, Salvador Nchuchum, detenido inexplicablemente aquella misma mañana en la comisaría del barrio.
Llegados a la comisaría, el titular de la misma le hizo subir a la fuerza a su coche sin explicación alguna para trasladarle a la jefatura superior de policía de Bata, donde echaron a su abogado y a su esposa para que no estuvieran presentes durante el interrogatorio, además de confiscarle su teléfono móvil y, luego de una corta espera fue recibido por el director general adjunto de la seguridad nacional, que le expuso con claridad lo siguiente:
"La policía estaba llevando a cabo unas investigaciones relacionadas con la seguridad nacional y, en este sentido, una señora había citado su nombre en sus declaraciones a la policía y de allí, se le explicó, la convocatoria que se le había hecho. Hicieron venir a la mujer en cuestión y que Wenceslao Mansogo no recordaba haber visto jamás. Se le pidió que repitiera sus declaraciones y ella contó que "una tarde, sobre las ocho, su marido la llevó en un vehículo a un lugar del que no se acordaba bien, y que el esposo se bajó del coche para subir a otro que estaba estacionado, un Toyota Tercel no pintado (Wenceslao no supo qué quería decir con el "no pintado), y salió a dar una vuelta con la persona que se encontraba esperándole. Al cabo de unos minutos (no dijo cuántos) regresaron los dos y su marido se bajó de aquel coche, que se fue inmediatamente. Cuando ella le preguntó con quién había estado, éste le respondió que con el doctor Wenceslao". Esta señora dijo ser la esposa de Florencio Ela Bibang".
En su turno de intervención, nuestro compañero declaró que efectivamente conocía a Florencio Ela Bibang, pero porque, como responsable político de CPDS, sufrió una enconada persecución y numerosos atropellos perpetrados por parte de Ela Bibang, cuando éste era comandante militar de Kogo, en los que había elocuentes muestras de querer acabar aquél con su vida. La primera, relató, ocurrió en las vísperas de la fiestas patronales del distrito, Nuestra Señora del Carmen, 16/07/98, en la que resultaron heridas varias personas, y la segunda el 3 de agosto del mismo año. En ambas ocasiones el doctor Mansogo evacuó diversos informes, para su constancia, a la inspección general de las fuerzas armadas en Bata, y adjuntó a su declaración las copias de dichos informes sellados y con el acuse de recibo correspondiente de la citada institución militar. Consecuentemente, Florencio Ela Bibang no era precisamente el tipo de persona con la que se iría a pasear, sino todo lo contrario, amén de que era el género de personajes a la que combatía políticamente porque estimaba, además, que su caída en desgracia ante el régimen constituía un gran alivio para todos aquellos que habían sufrido sus arbitrariedades cuando podía abusar de su poder. Por otra parte, su acaparadora actividad profesional no le permitía, salvo casos excepcionales, estar fuera de su lugar de trabajo a la hora citada por la señora de Ela Bibang, y eso muchísimas personas podían confirmarlo. Y para finalizar, el doctor Mansogo reconoció ser dueño de un Toyota Tercel que circula como taxi en Bata y, por ello, lleva los colores característicos de los coches de servicio del municipio, y lo conducía, como no podía ser de otra manera, un chófer contratado al efecto. Su vehículo personal era un Renault 21 de color gris. Como conclusión, nuestro compañero de la ejecutiva resumió las declaraciones de la señora de Ela Bibang como carentes de sustrato objetivo, además de preguntarse sobre la verdadera razón de semejantes imputaciones. Poco después, Wenceslao Mansogo, fue autorizado por el director general adjunto de seguridad nacional a volver a sus quehaceres, además de devolverle su teléfono portátil y recomendarle que la declaración que había hecho verbalmente la hiciera por escrito para entregársela cuanto antes. Y eso es lo que hizo.
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ATROPELLOS DE LAS FUERZAS DE SEGURIDAD
Bata.- El día 18 de octubre ocurrió en la ciudad de Bata un incidente de los que resulta difícil relatar, por lo increíble. Pero sucedió.
La ciudadana guineoecuatoriana Tatiana Mokuy Ovono, esposa del Dr. Dámaso Obiang Ndong, viajó a Bata para recibir tratamiento médico, pero a su paso por el barrio de Comandachina fue perseguida, así como otras mujeres que se encontraban en las inmediaciones, por un loco que llevaba un afilado machete. Al llegar a la altura de la comisaría de policía del barrio, Tatiana Mokuy creyó que pidiendo socorro a los policías éstos, como es su obligación, la ayudarían. Pero este no fue el comportamiento de los supuestos defensores del orden público, que lejos de cumplir con su deber, cerraron las puertas de la comisaría dejando a la indefensa ciudadana a la merced del loco que, como era de esperar, le asestó cinco machetazos. Y si la infortunada Tatiana no perdió la vida, fue por la providencial intervención de los detenidos que estaban en los calabozos de la comisaría que, ante los desesperados gritos de socorro de la agredida, rompieron la puerta del calabozo y apresaron al loco. Fue ingresada en el Hospital General de Bata en la sección de cuidados intensivos por la gravedad de las heridas, pero este tipo de hechos dan que pensar, porque no le puede caber a nadie en la cabeza que unos policías le nieguen el auxilio a una persona en peligro de vida. ¿De qué orden son defensores y a quiénes deben defender? ¿Para qué se les dota de medios para ejercer la violencia institucional? ¿Los policías de Guinea Ecuatorial sólo son policías cuando se trata de detener y apalear a los opositores?
Lubá.- El pasado 22 de octubre ocurrió en Lubá uno de estos hechos que indican con claridad que algunos miembros de las fuerzas de seguridad del Estado siguen atropellando a los ciudadanos con total y absoluta impunidad. En efecto, Casimiro Ondo Mba, dueño de un restaurante de éxito en la localidad, fue llevado a la comisaría de policía de Lubá por órdenes expresas del titular de la misma, el comisario Mba Ndemezogo. Ya en las dependencias policiales, y sin más preámbulos, fue brutalmente apaleado hasta perder el conocimiento sin que se le diera explicación alguna del por qué del maltrato. Casmiro Ondo Mba lleva en el país apenas un año después de una larga estancia en España de más de veinte años. Al regreso a su país, ha montado un pequeño negocio en el ramo de la hostelería con los ahorros de su trabajo. No se entiende, pues, cómo se puede humillar a un honrado ciudadano por el sólo hecho de querer demostrar que con el esfuerzo y la constancia, se logran pequeñas cotas de progreso. Porque de eso se trata, se envidia el éxito que el ciudadano Casimiro Ondo Mba está cosechando con su restaurante en Lubá, y sin la ayuda de nadie. La pregunta que se hace a quienes mandan en el país es qué debe hacer una persona para vivir en paz, si aún trabajando se le incordia a uno hasta decir basta.
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