LA VERDAD
Órgano informativo de Convergencia para la Democracia Social
Guinea Ecuatorial, agosto-septiembre 2004, núm. 51    


LA VERDAD
Número 51, agosto-sep 2004

EDITORIAL

Los sufridos ciudadanos de Guinea Ecuatorial sabíamos de la enorme bonanza económica que atravesaba y atraviesa nuestro país, fruto de la explotación del petróleo por las empresas norteamericanas del sector, por las lujosas mansiones que de un tiempo a esta parte brotan como hongos en las urbanizaciones hechas para los nuevos ricos, y, también, por los coches de grandes cilindradas que surcan como majestuosos trasatlánticos por nuestras malolientes calles. ¿Paradoja, verdad?

Sin embargo, hasta hace bien poco, Guinea Ecuatorial era un ignoto estado perdido en la selva ecuatorial africana que malvivía de las dádivas y préstamos que recibía de la cooperación internacional, y para beneficio de unos pocos. La deuda, eso sí, la pagábamos, y pagamos, todos los guineoecuatorianos porque en eso, la obligada solidaridad ante la deuda, se acuerda el Estado de la ciudadanía.

Volviendo a la pujanza económica que reflejan las estadísticas de todo el mundo, y de que gozan única y exclusivamente la familia de las familias, amigos, conmilitones y enchufados de turno, nos encontramos conque lo que se intuía y se hablaba sotto voce (en voz baja) era la punta de un inmenso iceberg. Se dice, se oye y se comenta allende los mares de este mundo mundial, y en Guinea Ecuatorial también, porque las ondas hertzianas no tienen fronteras, que el presidente Obiang tiene, ¿o mejor tenía? ingresado en el banco Riggs de Washington la friolera de 700 millones de dólares USA en 60 cuentas bancarias diferentes. Se dice fácil, pero traducido en nuestros francos de andar por casa la cantidad resulta exorbitante. Alrededor de unos 400.000 millones de F.CFA., o lo que es lo mismo, el presupuesto de un año entero del estado guineoecuatoriano.

Lo venía denunciando desde hacía tiempo un periodista americano, Ken Silverstein, pero el tema se ha hecho noticia de actualidad, de primera plana en todos los periódicos y emisoras de radio y televisión del mundo entero por una comisión investigadora ad hoc del senado norteamericano que ha descubierto el pastel. Dicen los entendidos que el citado banco está, o estaba, como muchos otros, especializado en tener a buen resguardo los abundantes dineros de los dictadores que en el mundo han sido y son. Augusto Pinochet, el exdictador chileno, era uno de los inquilinos de la entidad, aunque sus fondos en comparación con los supuestos de nuestro Obiang nacional son una minucia, 8 millones de dólares americanos. También podría traducirse como la diferencia entre un sátrapa occidental y uno del continente negro. Hasta en esto hay diferencias.

Mientras esto ocurre, el país vive en la miseria. No hay luz, ni agua en las casas; las carreteras son caminos de cabras que ahora se ennegrecen a precios archimillonarios, y que el estado, faltaría más, vende al pueblo y a la comunidad internacional como el paradigma, y sin parangón, del desarrollo de una nación. Basta darse una vuelta por los mercados de las ¿ciudades? de Guinea Ecuatorial y el resultado del examen no puede ser otro: suspenso sin paliativos. Las moscas son las fieles compañeras que nuestras madres, mujeres y hermanas

tienen que aguantar un día sí y otro también, sin menospreciar el ardiente sol que calcina sus cabezas y ¿qué decir de la lluvia inmisedicorde que las baña en sus miserables tenderetes?

Como no podía ser de otra manera, los voceros del sistema se han apresurado a desmentir la noticia calificándola como de torticera y carente de un ápice de verdad. El dinero descubierto no es de la familia sino del estado "ecuatorguineano" y que los difusores de la noticia son enemigos de la patria y del presidente Obiang, "el libertador" que vela día y noche por el progreso y bienestar de sus súbditos. Suena a algo demasiado oído ¿verdad? Porque los que mienten siempre son los demás. Los corruptos son siempre otros, pero no se ha dado ni una sola explicación plausible digna de tal nombre. ¿Se atreverá el régimen a denunciar al senado norteamericano por injurias y difamación al presidente Obiang y familia? Porque en el supuesto que lo haga, a lo mejor la gente podría creer que es cierto eso de que el dinero pertenece al estado guineano, pero desde la óptica en que se ha bosquejado la defensa, tratar de matar al mensajero, no se consigue absolutamente nada, sino todo lo contrario. Nos tememos que la cosa quedará como está y el dinero de marras a saber si está todavía en el banco Riggs.

Convergencia para la Democracia Social venía, desde siempre, denunciando la galopante corrupción que existe en las altas esferas del estado, pero se nos atacaba respondiendo que nuestro partido era un enemigo declarado del sistema, además de vendepatrias. Pero la verdad es terca y más poderosa que la mentira: cuando se le cierran los caminos a la verdad, ésta sabe abrirse otros, como el agua, a veces pacientemente, otras con fuerza inesperada como ahora. Cuando se intenta sustituirla con falsas verdades, con sofismas, con discursos y grandes titulares, sale a flote por donde el poder menos lo espera. Al final, tarde o temprano, las mentiras se suelen volver contra quienes las han alimentado. Las verdades, para reconocer a quienes las han servido. La pregunta obligada que nos hacemos, y hacemos extensible a la población, es ¿quiénes decían la verdad al país, los que denunciaban, y siguen denunciando, la corrupción o los que son noticias de hechos como los de la naturaleza que ahora son la comidilla de todo el mundo? Ni que decir tiene que el asunto traerá cola y, con el tiempo, saldrán más cosas a la luz. Y como en los seriales, "continuará".

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