SEGUNDO PREMIO DEL CERTAMEN DE CUENTOS "ABAHA ELO"
Como prometimos en el anterior número de La Verdad, insertamos aquí el texto del trabajo que mereció un segundo premio en dicho certamen.
AKELENGUE
Por Genaro NSUE NGUEMA
En un poblado, vivía una familia compuesta de muchos hermanos (alrededor de quince) y cada uno de ellos a su vez poseía su propia familia (mujer e hijos), excepto uno que se casó con una sola mujer y de su matrimonio sólo hubo un hijo al que pusieron el nombre de AKELENGUE, que para ellos significa abundancia; porque esta hierba sale, crece y se reproduce en abundancia.
Desgraciadamente, Akelengue era un niño enfermizo desde su nacimiento, ya fuera por la situación social de sus padres, por factores climáticos o ambientales, el niño tuvo un retraso en el crecimiento, y llegó hasta la edad de dos años sin poder caminar, cosa que preocupaba mucho a sus padres, mientras que los hermanos de éste, los tíos de Akelengue , le recriminaban en el sentido de que tenía que casarse con otra mujer para que tuviera más hijos sanos y fuertes, si la que tenía no podía dar más hijos. Además, la tradición de estar solo con una mujer, porque su padre, el que los engendró a todos, tampoco había tenido una sola, entonces por qué se afanaba en quedarse con una sabiendo que las cosas no les iban bien teniendo un solo hijo que casi era un moribundo que no les hacía más que traerles sufrimientos sin que hubiera posibilidades de obtener algún beneficio de él en el futuro. Los hermanos amenazaron al padre de Akelengue en el sentido de que si no les hacía caso, que no contara más con ellos como hermanos, porque no estaban para aguantar sufrimientos sin beneficios; y le decían que se iba a morir pobre sin descendientes, haciéndole que ellos tenían muchas mujeres e hijos y vivían bien del fruto del trabajo de sus mujeres e hijos. Insistieron que sus mujeres se preocupaban de la alimentación de sus hogares, y sus hijas traían amantes y maridos, además de las dotes y otras cosas que traían felicidad en sus hogares. Pero el padre de Akelengue supo asumir la situación en la que se encontraba, y no escatimaba esfuerzos en tratar que su hijo se mejorara, y por eso lo llevaba de una curandería a otra de acuerdo a sus posibilidades.
Y tal como les advirtieran sus hermanos en su día, se quedaron al margen de sus problemas pero el protagonista de esta historia no se desanimaba, antes al contrario, nuestro amigo empezó a trabajar más y más, abriendo fincas de cacahuete, plátanos, yucas, cañas, etc..., con su mujer, para que obtuvieran muchos beneficios de las cosechas y proseguir así el tratamiento de su hijo en centros de tratamiento más modernos, como centros de salud u hospitales para que se mejoraran las condiciones de vida de su hogar. Con esto Akelengue empezó a recuperarse de su enfermedad y empezó a caminar perfectamente en poco tiempo; ya se alimentaba bien, y con esta mejora, sus padres empezaron a sentirse felices por la recuperación de su unigénito.
Cuando terminó de recuperarse sus padres empezaron a llevarle a la finca, pues, días antes había muerto su abuelita y sus padres ya no tenían con quién dejar al pequeño mientras trabajaban en la finca. De esta forma, empezó a ver y practicar poco a poco lo que hacían sus padres hasta llegar a alcanzar este espíritu de trabajo.
Después de un tiempo, fallecieron también los padres de Akelengue, uno tras otro, quedando éste huérfano de niño y en periodo de convalecencia. Ante esta situación, le llevaron a ciudar sus tíos maternos (Beñangdomo). Ninguno de los paternos quiso encargarse de él, pero todos quedaron beneficiándose de las fincas que dejó su padre, limitándose sólo al consumo de las cosechas, sin cuidar de las fincas ni replantarlas como lo hacía el mismo dueño, y de esta forma todo se terminó todo lo plantado.
Mientras tanto, Akelengue crecía en manos de sus tíos maternos que les dieron una buena educación como la que
pudo haber recibido de sus padres; le hicieron asistir a la escuela y formarse; porque sus tíos maternos le querían mucho y sentían por su situación, por eso trataban de apoyarle en todos los aspectos.
Pasó el tiempo y Akelengue llegó a ser un hombre adulto, y sus tíos maternos le informaron todo lo ocurrido sobre su vida, y de esta manera tomó la decisión de volver al poblado de sus padres para ir a continuar el trabajo que éstos habían empezado y dar continuidad a su linaje, cosa que contentó a sus tíos maternos que le prometieron siempre su apoyo en todos los aspectos y en la medida de sus posibilidades. Akelengue volvió a su pueblo, y a pesar de la ruina encontrada, empezó a reformar la casa derruida de sus padres, y con el apoyo de sus tíos maternos, se casó con una mujer; al tiempo que empezó a rehacer las fincas de sus padres.
Con la formación adquirida y el espíritu de trabajo heredado de ellos, introdujo reformas en las plantaciones y con la buena gestión que llevaba, hizo que después de un tiempo obtuviera unos beneficios dobles o triples de lo que antes habían obtenido sus padres. Empezó a organizarse cada vez mejor y pudo salir adelante. Formó, con su mujer, un hogar; tuvieron hijos y fueron muy felices.
Su progreso fue tal que produjo odio de sus tíos paternos y primos porque ellos no tenían esta capacidad de organización ni podían imitarle, pues se habían habituado a la comodidad y a la vida fácil; sus fincas eran sus hermanas y sus hijas. Pero llegó un tiempo que ya no podían seguir explotando a sus hermanas e hijas, es decir, sus yernos y cuñados ya no traían nada a casa. Ante esta crisis veían cada vez más con malos ojos el progreso de Akelengue; tanta envidia hizo que decidieran eliminarle y quedarse otra vez con sus fincas como ya lo hicieron con las de sus padres en su día. Para ello, pensaron asesinarle haciendole comer comida envenenada; pero para acceder a él, idearon que alguien ganase su confianza. Así convencieron a uno de sus hijos, primo de Akelengue, para que entablara amistad con él fingiendo haber sido echado por sus padres. Akelengue, sin saber de sus intenciones, tuvo compasión de él y le acogió, pues tampoco tenía ideas de venganza. Mientras, su propósito era estar más cerca de Akelengue, conocer sus secretos y captar su sensibilidad, pero aun así, Akelengue no se fio, porque era un hombre prudente y tenía una cierta formación.
El primo traidor mandó a una de sus mujeres a preparar la comida, e hizo todo como le habían indicado, y todo quedó listo. Mandó una invitación a Akelengue y su señora y, si era posible, con sus hijos, para que fueran a comer a su casa aprovechando la confianza que éste ya le tenía. Desgraciadamente, parece que Akelengue tuvo un presentimiento de algo, y decidió no acudir a esa invitación y prefirió ir a resolver o tratar otros asuntos en la finca con sus trabajadores, y dijo a su señora que no saliera de casa y que se quedara al custodio de los niños como de costumbre.
Cuando su primo vio que pasaba el día (mucho tiempo), sin que llegara Akelengue, se puso nervioso e intranquilo, y decidió salir a buscarle para ver por qué no venía . Le encontró ausente; su mujer le explicó que tuvo que ir urgentemente a las fincas para tratar otros asuntos ; y mientras transcurría el tiempo se hacía cada vez más tarde.
Como es costumbre entre nuestras mujeres, la esposa de su primo vio que los huéspedes ya no iban a venir, y sin esperar a consultar a su marido, no dudó en coger la comida preparada y comerla junto con sus hijos. De esta forma, todos se envenenaron y murieron.
Cuando regresó su marido desanimado del fallido plan, encontró la catástrofe en su casa: él se había cargado con su propia familia y no la de Akelengue. De esta manera, no le quedó otra alternativa que divulgar todo el secreto. Todos los implicados fueron juzgados y condenados. Así, Akelengue quedó viviendo feliz con su familia.
MORALEJA:
El que hace el mal, se perjudica a sí mismo.
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